domingo, 25 de enero de 2026

"MEANA POINT" , UN ACCIDENTE GEOGRÁFICO QUE LLEVA EL NOMBRE DE NUESTRO CONSOCIO HONORÍFICO

 




Nuestro querido compañero y colaborador de NAUCHERglobal desde el primer día, ha tenido el honor de que, el ‘Comité Científico para la Investigación en la Antártida’ (SCAR, por sus siglas en inglés), a instancias de la Comisión Búlgara para los topónimos Antárticos’, registrara como ‘Meana Point’ la punta cubierta de hielo que existe al oeste de la ensenada Quesada, en la costa norte de la isla Nelson, del archipiélago de las Shetland del Sur (Antártida)




“Recibe su nombre en honor a Elías Meana Díaz, miembro del equipo que construyó la base española Juan Carlos I en enero de 1988 y jefe de la misma durante la temporada del verano austral de 1988/89 por su apoyo al ‘Programa antártico búlgaro’. Esa es la razón por la que la citada comisión solicitó poner su nombre al punto geográfico.


La aprobación y el consiguiente registro ocurrió en febrero de 2020, si bien Meana no ha tenido noticia hasta hace unos días cuando indagando en la red sobre datos antiguos referentes a la Antártida, una página le llevó a la del SCAR, en la que aparecía la publicación. Aunque sumamente agradecido, no se considera merecedor de este honor, ya que lo que él y sus compañeros del grupo técnico hicieron (Félix Moreno Sorli, José Luis Meseguer Zamora y Juan Manuel García Louro), fue cumplir con lo que se conoce como el ‘Espíritu Antártico’: el conjunto de valores y actitudes que, en la Antártida, guían a los hombres y mujeres que allí trabajan, dándolo todo sin esperar nada a cambio.


Base búlgara


En la campaña anterior, según les había informado el representante del Ministerio de Asuntos Exteriores (en aquellas fechas, la base era de su competencia), los búlgaros se habían establecido en un lugar llamado ‘Fondeadero Emona’, a milla y media por mar de la base española, distancia muy corta, pero la orografía de la costa impide una visión directa. Habían llegado con el otoño muy avanzado y la meteorología les había obligado a marcharse precipitadamente, cuando apenas habían comenzado a trabajar en el asentamiento.



En la siguiente (1988/89), cuando la base Juan Carlos I volvió a estar operativa tras la larga invernada y, ante la posibilidad de que los búlgaros hubieran llegado antes que ellos, Elías y uno de sus compañeros se acercaron al lugar en un bote neumático con la intención de saludar y ponerse a disposición de los vecinos.

 

Descubrimiento de edificaciones


Pero en el sitio, un bonito paisaje entre dos glaciares, no había más vida en tierra que unas cuantas focas de Weddell sesteando en la playa. Subieron la cuesta de la terraza sobre la que, en su planicie, se asentaban dos edificaciones semejantes a un contenedor estándar de 20 pies, uno dedicado a vivienda (un refugio en realidad), y el otro a almacén. Por el exterior, el primero, forrado con planchas de madera tratada que, salvo una de las ventanas en la que se había desprendido la contraventa y el cristal estaba roto, presentaba buen aspecto. De hecho, parecía nuevo, todo lo contrario que el otro que era completamente metálico, que tenía la pintura cuarteada y desconchada.

Accedieron a los dos para comprobar el estado interior (las puertas estaban cerradas con cerrojos corredizos). En la vivienda, todo el mobiliario era una mesa y cuatro sillas, unos cuantos enseres de cocina y un hornillo de gas en un rincón. Al pie de la ventana rota, la nieve se acumulaba y en una de las esquinas del techo había carámbanos. En cuanto al almacén, repleto de cajones y cajas llenas de todo tipo y tamaño, el único desperfecto que observaron era el hielo que rodeaba el marco interior de la pequeña ventana del recinto.



Comenzó a nevar y embarcaron con la intención de volver con las herramientas y el material que precisarían para tratar de reparar los desperfectos. Una semana después, cuando regresaron, el día era espléndido y, en la medida pudieron, repararon las averías con tranquilidad y antes de regresar se acercaron extrañados al gran nevero en el que, en una de las grietas, se distinguía una ‘mancha’ roja y verde que resultó ser la bandera búlgara desprendida del mástil por el viento, bandera que junto a las fotos realizas, Elías guardó como recuerdo.


Vuelta a la base en 1993


Los búlgaros no volvieron al sitio hasta 1993, fecha en la que, tras su ampliación, bautizaron la base con el nombre de ‘San Clemente de Ohrid’. Pasó el tiempo hasta que, en 2016/2017, el gestor del ‘Comité Polar Español’, se puso en contacto con nuestro amigo: Iba a asistir a una reunión en Sofía y quería saber si conservaba alguna foto de aquel tiempo y de la base de la época, ya que en Bulgaria no disponían de ellas.




A  la vuelta de la reunión,  Elías  fue informado de que las fotos y la bandera  que había llevado (la bandera en especial), les habían encantado y sorprendido y pedían una foto de quien, durante tantos años, había guardado la bandera.

De lo que ocurrió después, no volvió a tener noticia alguna hasta que la página del SCAR en la que encontró el topónimo le llevó a la del ‘Programa Antártico Búlgaro’, donde se topó con lo siguiente: (El texto original, está en búlgaro):


“El director del Instituto Antártico Búlgaro, Prof. Christo Pimpirev, ha hecho entrega a la directora del Museo Nacional de Historia, Boni Petrunova, de la bandera búlgara que ondeaba en la Antártica hace 30 años. La bandera fue izada en abril de 1988 en el primer edificio con lo cual se inicia la labor búlgara en la estación polar en la isla de Livingston. La bandera fue encontrada por casualidad en una ranura congelada y fue guardada 30 años por Elías Meana Díaz, jefe en aquel entonces de la base española Juan Carlos I.


Desde junio de 2015, la cabaña ha sido designada como Sitio y Monumento Histórico de la Antártida HSM-91. Como el edificio más antiguo conservado en la isla de Livingston (desde 2009, cuando los antiguos edificios de la cercana Base Juan Carlos I de España fueron retirados y reemplazados por otros nuevos), la cabaña y sus artefactos asociados se consideran parte del patrimonio cultural e histórico de la isla y de la Antártida.

¡Felicitamos muy cariñosamente a Elías Meana. No todos los días, un colaborador de NAUCHERglobal es dignificado de esta manera!


NOTICIA PUBLICADA POR NAUCHERGLOBAL 


Desde la Federación Española de ligas navales al tiempo que felicitamos a nuestro consocio honorífico Elías, agradecemos a NAUCHER la cesión de la noticia.